En el altiplano de Perú, la desesperanza marca la elección presidencial

A pocos días de la segunda vuelta presidencial entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez, Quenta dice que ya no cree en las promesas de los políticos.

“Nadie me va a dar un sol (centavo). Con mis manos trabajo”, dice esta habitante de la comunidad de Caritamaya, cerca del lago Titicaca, en la región de Puno, a casi 4.000 metros de altitud.

Su esposo, Rufino Cutipa, de 75 años, asiente: “Aquí nadie viene, nadie nos ve, nosotros vivimos por nuestros propios medios”.

Unas cuantas vacas y ovejas pastan cerca del pozo que abastece de agua tanto al ganado como a la pareja. Alrededor de su casa de adobe, la llanura amarillenta se extiende hasta las colinas del Altiplano.

En las parcelas vecinas, mujeres vestidas con trajes tradicionales, algunas descalzas, golpean la tierra con picos para cosechar las últimas papas de la temporada.

Más de un tercio de la población de la región vive en pobreza, según datos oficiales.

La desilusión de Quenta y Cutipa no beneficia, en todo caso, a la hija del expresidente autocrático Alberto Fujimori (1990-2000), candidata a la presidencia por cuarta vez.

“El papá mucho tiempo ha gobernado, la hija debe dejar a otros”, opina Quenta, mientras se alisa la pollera de color rojo vivo, la amplia falda tradicional de las andinas.

Al igual que esta pareja, muchos en la región votarán por Sánchez, más por rechazo al fujimorismo que por convicción.

“Aquí hay muchas heladas, es muy duro. No queremos que los hijos vivan aquí. Todos se fueron”, explica la mujer de rostro curtido, refiriéndose a sus cuatro hijos.

Uno de ellos, César Cutipa, de 45 años, es ingeniero electrónico en Puno, la capital regional, a una hora por carretera.

De visita en la casa de sus padres, cuenta con la voz quebrada que ellos vendieron una vaca y una oveja para que pudiera ir a la escuela.

 

 

 

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