Pensiones en México: problemas contemporáneos
Por María Ascensión Morales Ramírez & Diana Beatriz González Carvallo
La creación de los sistemas de pensiones en el siglo XIX ha constituido uno de los más grandes logros, porque resolvió un problema esencial de las personas trabajadoras: los ingresos en la etapa más vulnerable de su vida. Con ellos, la vejez se reconoció como un asunto de Estado, pues aunque en forma directa afectaba al trabajador, indirectamente perjudicada a la sociedad; por ello, la seguridad social ha estado dominada en su estructura por estos sistemas con dos objetivos sociales: contar con ingresos y evitar caer en la pobreza. Pese a estos grandes propósitos, los sistemas de pensiones surgieron con algunas debilidades: la protección se centró, principalmente, en el hombre en su carácter de proveedor, y se proporcionó en forma derivada para la mujer. Asimismo, la participación de las mujeres en la vida laboral evidenció que los sistemas no eran neutros y que, incluso, reproducen las desigualdades y diferencias estructurales que las aquejan. Además, el carácter contributivo con el que surgieron los sistemas de pensiones, centrados exclusivamente en la protección de las personas con un empleo formal, ha reducido su alcance.
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