Del ahorro al impacto: el retiro en México necesita reinventarse

Hablar de retiro en México ya no puede limitarse a pensiones y ahorro obligatorio. El país envejece con rapidez y ese cambio demográfico está transformando la manera en que millones de personas viven —y prolongan— su etapa productiva. En 2022, la población de 60 años o más alcanzó los 18 millones de personas, cerca del 14% del total nacional. A la par, la OCDE proyecta que la razón de dependencia en México pasará de 0.14 en 2023 a 0.36 en 2060. El mensaje es claro: habrá menos personas activas sosteniendo a una población mayor cada vez más numerosa.

En este contexto, resulta inevitable cuestionar si el modelo actual de retiro, basado casi exclusivamente en el ahorro administrado por las Afores, es suficiente. Más aún, vale la pena preguntarse si estamos desaprovechando la oportunidad de concebir el retiro no solo como una etapa de protección económica, sino como un nuevo momento de participación social y productiva.

Un país que envejece, pero no se detiene

La transformación demográfica ya está en marcha. Mientras la base joven se reduce, el segmento de personas mayores crece de forma sostenida y redefine la estructura poblacional. En apenas cinco años, la proporción de personas de 60 años y más pasó de 12.3% en 2018 a 14.7% en 2023, un cambio que anticipa ajustes profundos en el mercado laboral y los sistemas de protección social.

Lejos de la idea tradicional del retiro pasivo, una parte relevante de este grupo se mantiene activa. En México, 47.8% de las personas entre 60 y 64 años continúa trabajando, una cifra cercana al promedio de la OCDE (55.9%). Esto confirma una tendencia clara: el retiro ya no significa necesariamente desconexión del trabajo, sino una etapa en la que muchas personas buscan seguir generando ingresos y aportando valor.

Sin embargo, el sistema de pensiones enfrenta presiones evidentes. Aunque las Afores administran alrededor de 6.8 billones de pesos —equivalentes a 20.7% del PIB—, el tamaño del ahorro no garantiza tranquilidad financiera. Solo 50.3% de la población considera que contará con ingresos suficientes para cubrir sus gastos tras la vida laboral. El problema no es únicamente cuánto se ahorra, sino cuántas personas podrán —o necesitarán— seguir siendo económicamente activas para sostener su calidad de vida.

Retiro: de cierre a reinvención

Cada vez es más evidente que la etapa posterior a los 60 años se está redefiniendo. A nivel global, crece el emprendimiento senior y la llamada ‘silver economy’: personas que aprovechan su experiencia, redes de contacto y tiempo para emprender, asesorar o colaborar en proyectos de alto valor.

En México, no obstante, persisten barreras importantes. Una de cada cinco personas mayores de 60 años que no realiza aportaciones voluntarias a su Afore señala como principal obstáculo la falta de educación financiera. Simplemente no saben cómo hacerlo, para qué sirve o qué beneficios tiene. Esta brecha afecta al 20.3% de los hombres y al 25.1% de las mujeres. A ello se suma la incomprensión de los beneficios de las aportaciones voluntarias, que impacta a más del 15% de los hombres y al 12% de las mujeres.

Estos datos revelan una oportunidad doble. Por un lado, desarrollar productos financieros verdaderamente diseñados para personas mayores de 60 años: créditos para emprender, esquemas de inversión con impacto social o alternativas que reconozcan trayectorias laborales largas. Por otro, acompañar a este segmento con capacitación y herramientas que les permitan concebir el retiro no como una salida, sino como una transición hacia nuevas formas de participación económica y social.

 

 

 

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