Determinantes del Ahorro Voluntario para el Retiro en México: Un análisis microeconométrico
México enfrenta un reto silencioso en materia de pensiones, solo 7.8% de las personas con cuenta individual Afore realiza aportaciones voluntarias para fortalecer su pensión.
Este estudio tiene la finalidad de identificar las características sociodemográficas que elevan la probabilidad en las personas de realizar ahorro voluntario para el retiro.
Factores como el nivel de ingreso, la educación, la edad, la localidad de residencia, entre otros, son determinantes para elevar la posibilidad de aportar voluntariamente a la cuenta individual en una Afore.
Como parte de los esfuerzos de la CONSAR para promover la divulgación de conocimiento sobre el SAR, se presenta el documento Determinantes del ahorro voluntario para el retiro en México: un análisis microeconométrico, elaborado con base en los microdatos de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, levantada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).
A través de un modelo econométrico, el estudio identifica los principales factores que inciden en la decisión de los trabajadores de realizar aportaciones voluntarias a su cuenta individual. Los hallazgos del estudio buscan contribuir al diseño de estrategias más efectivas de educación financiera y previsional, así como aportar evidencia que oriente el desarrollo de políticas públicas para fortalecer la cultura del ahorro para el retiro entre la población mexicana.
Los principales hallazgos del estudio se presentan a continuación:
La educación es uno de los factores más determinantes. Una persona con posgrado tiene más de cinco veces la probabilidad de ahorrar voluntariamente que alguien con educación básica (22.8% frente a 4.2%). El estudio, que aplicó un modelo estadístico Probit para aislar el efecto de cada variable, confirma que por cada nivel educativo adicional que alcanza una persona, la probabilidad de realizar ahorro voluntario aumenta en 3 puntos porcentuales: el efecto más fuerte de todo el modelo.
El ingreso es relevante, pero no lo es todo. Como era de esperarse, quienes ganan más ahorran más, la propensión al ahorro llega a 21.3% entre quienes perciben más de 7 salarios mínimos, frente a 5% en los niveles de ingreso más bajos. Sin embargo, el estudio muestra que, aun considerando el nivel de ingreso, poseer una vivienda propia o un vehículo también incrementa la probabilidad de ahorrar (2.1 y 2.0 puntos porcentuales, respectivamente), lo que sugiere que la planeación financiera y el patrimonio acumulado importan tanto como el salario.
La vida financiera sigue una curva en forma de “U”. El ahorro voluntario no es constante a lo largo de la vida, es más alto entre los 31 y 40 años (9.7%), disminuye conforme se acumulan responsabilidades financieras, y, de acuerdo con las estimaciones del modelo, toca su punto más bajo alrededor de los 53 años. A partir de ahí, con el retiro cada vez más cerca, la conciencia sobre el ahorro previsional regresa y la propensión a ahorrar vuelve a subir.
Dónde vivimos también influye. Al estimar la probabilidad de ahorrar voluntariamente según las condiciones promedio de cada región, la Ciudad de México registra la cifra más alta del país (11.6%), más del doble que las regiones con menor desarrollo económico (alrededor de 5%). El estudio es claro en señalar que esto no ocurre porque unas personas sean “más responsables” que otras, sino por diferencias reales en salarios e infraestructura financiera disponible.
Un hallazgo clave para el diseño de política pública: una vez que el modelo controla por ingreso, educación y tenencia de activos, variables como el género, la condición indígena o la región geográfica dejan de tener, por sí solas, un efecto estadísticamente significativo. Es decir, las brechas que observamos no responden a diferencias de esfuerzo o cultura, sino a condiciones económicas y educativas desiguales.
La conclusión central es clara: el ahorro voluntario para el retiro no es solo una decisión individual, es el resultado de condiciones estructurales que pueden y deben atenderse con política pública, desde fortalecer la educación financiera y previsional desde etapas tempranas, hasta diseñar estrategias diferenciadas para jóvenes, población en zonas rurales y quienes tienen menor tenencia de activos
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