El dividendo de la longevidad

Por Andrew Scott & Peter Piot 

El argumento de la catástrofe demográfica ya es bien conocido: el descenso de las tasas de natalidad causará una contracción de la población, mientras que la mayor esperanza de vida incrementará el costo de las pensiones y de la atención a las personas mayores. En términos relativos, habrá menos trabajadores para sufragar todos esos gastos.

Este relato es parcialmente cierto: en el conjunto del mundo, una de cada diez personas tiene más de 65 años y se prevé que esa proporción se duplique durante los próximos 50 años (gráfico 1). La población ya ha comenzado a reducirse en países como Japón y China, que, como Europa, también están experimentando un pronunciado incremento de la edad mediana de sus habitantes.

Sin embargo, el pesimismo en torno al envejecimiento demográfico está sesgado. De hecho, la combinación del aumento de la población mayor y su mayor predisposición a trabajar convierte a estos ciudadanos en esenciales para el dinamismo económico.

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