España. La trampa de las pensiones: “Estamos trasladando el coste a generaciones que todavía ni votan”

Por cada euro que el trabajador medio aporta al sistema a lo largo de su vida laboral, obtiene tras su jubilación aproximadamente un 62% más.

El sistema de pensiones español es el elefante en la habitación de la política económica española. Todo el mundo sabe que está ahí, nadie quiere mirarlo de frente. Esta semana, en Economía para Quedarte sin Amigos, recuperamos el capítulo anual dedicado a las pensiones con Daniel Fernández, coautor junto a Santiago Calvo del libro El elefante en la habitación: la insostenibilidad del sistema de pensiones, para explicar con números por qué el sistema no puede seguir funcionando como hasta ahora y qué alternativas existen.

La tesis central del libro es incómoda pero matemáticamente acertada: el sistema de pensiones español paga más de lo que puede sostener. Por cada euro que un trabajador aporta al sistema a lo largo de su vida laboral, obtiene en el momento de jubilarse aproximadamente un 62% más. En términos de rentabilidad anual real equivale a entre el 2,5% y el 3,5%. El problema es que la economía española crece a largo plazo al 1,2% real. Por eso, los autores sostienen que la diferencia entre lo que el sistema promete y lo que puede generar es el origen de todo el desequilibrio.

El déficit y la hucha

El déficit contributivo del sistema supera los 63.000 millones de euros anuales, una cifra que por sí sola explica todo el déficit público español. Dicho de otra manera: España tendría superávit fiscal si no fuera por el agujero del sistema de pensiones. Y la hucha de las pensiones, que no deja de ser una ficción contable, no aportaría demasiado para resolver el problema: incluso si tomamos su nivel máximo (alcanzado hace ya más de una década y tras el que se fue vaciando para pagar las prestaciones) no alcanzaría siquiera para cubrir un año del déficit actual.

Las ocho grandes reformas que ha sufrido el sistema desde 1985 han ido todas ellas en la misma dirección: recortar las condiciones de acceso y las cuantías prometidas. La reforma de 2021-2023 rompió esa tendencia, blindando las pensiones al IPC y subiendo las cotizaciones, lo que ha disparado el desequilibrio hasta niveles sin precedentes. Tres de los cambios introducidos en esa reforma no son cotizaciones en sentido estricto, sino nuevos impuestos al trabajo que no generan ningún derecho futuro.

Frente a este diagnóstico, el libro propone una hoja de ruta articulada en dos pasos. El primero es migrar hacia un sistema de cuentas nocionales, similar al implantado en Suecia en los años noventa, en el que cada trabajador acumula en una cuenta virtual lo que ha aportado al sistema, y su pensión se calcula en función de esa acumulación y de su esperanza de vida en el momento de jubilarse. Este sistema sigue siendo de reparto, pero es radicalmente más transparente y elimina la caja negra actual que hace imposible saber con claridad cuánto has aportado y cuánto tienes derecho a recibir. El segundo paso es ir introduciendo progresivamente una pata de capitalización individual, similar a la que ya existe en Suecia, Holanda, Dinamarca o la propia Irlanda.

La conclusión es que, lejos de aliviar el desequilibrio, la inmigración de baja cualificación lo agrava: al entrar en la parte más redistributiva del sistema, los nuevos cotizantes generan derechos futuros desproporcionados respecto a lo que aportan, haciendo el sistema todavía menos sostenible a largo plazo.

La alternativa a actuar ahora no es mantener el statu quo indefinidamente. Es esperar a que llegue una crisis que obligue a hacer el ajuste en el peor momento posible, como ya ocurrió en Grecia, donde las pensiones se recortaron un 40% de forma abrupta. Reformar en expansión cuesta menos y da más margen. No hacerlo solo aplaza y agrava el problema.

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