Los vendedores ambulantes del sudeste asiático, “pilares de los sistemas alimentarios urbanos”, ¿resistirán al cambio climático?

Loan (nombre ficticio), de unos cuarenta años, se desempeña como vendedora ambulante de zumo de naranja fresco con su carrito en una zona industrial de Ciudad Ho Chi Minh, en Vietnam. Durante horas y horas exprime naranjas a mano para satisfacer la demanda de los trabajadores de las fábricas vecinas. El cúmulo de problemas a los que se enfrenta a diario la abruma: estar de pie todo el día, la irregularidad de sus ingresos, la falta de apoyo gubernamental (estructural) y el acoso de las autoridades locales.

A lo que se añade una nueva dificultad: el cambio climático. “Cuando llueve mucho y las calles se inundan, tengo que empujar mi moto cargada de mercancías por el agua”, explica Loan. “Es agotador y peligroso. [En ocasiones] casi resbalo mientras conducía la moto”.

Los días de mucho calor, la situación no es mejor para Loan. “Cuando hace sol, el trabajo es igualmente agotador”, afirma. “Cuando recojo mi puesto para volver a casa, estoy exhausta”, explica.

Para los vendedores ambulantes, los fenómenos climáticos extremos trastornan sus actividades comerciales, reducen la afluencia de clientes y dañan sus existencias, lo que provoca una disminución de sus ingresos y pérdidas importantes. Las emergencias climáticas también provocan estrés térmico, infecciones cutáneas y otras enfermedades transmitidas por el agua, enfermedades respiratorias, fatiga e incluso resbalones y caídas.

“Los vendedores ambulantes son el pilar de los sistemas alimentarios urbanos”, explica Nash Tysmans, responsable para Asia de la StreetNet International (SNI), una alianza mundial de organizaciones de trabajadores del comercio ambulante. “Y figuran entre los trabajadores más vulnerables al agravamiento de los efectos del cambio climático”, asegura.

En julio de 2025, esta organización publicó un nuevo informe con el título Weathering the Change, el cual representa el primer análisis regional del impacto producido por el cambio climático en los vendedores de comida callejera en el sudeste asiático. Investigadores de tres países: Camboya, Vietnam y Laos, han constatado que las emergencias climáticas no solamente merman los ingresos de los vendedores de comida callejera, sino que también los exponen a riesgos para su salud y obligan a muchos de ellos, especialmente a las mujeres, a trabajar en condiciones peligrosas.

Existen varias similitudes entre los tres países estudiados. En primer lugar, los vendedores ambulantes constituyen la gran mayoría de la mano de obra del sector informal. Según la SNI, representan alrededor del 80% de los trabajadores informales en Camboya y alrededor del 68% en Vietnam. En Laos, este porcentaje asciende al 45%.

Sin embargo, en Vietnam y Laos, la venta ambulante es esencialmente ilegal y las demandas de estos trabajadores siguen siendo ignoradas por los responsables políticos. De los tres países, Camboya es la excepción, ya que aprobó en diciembre de 2024 una ley destinada a formalizar la venta ambulante mediante el registro de los trabajadores que se dedican a ella. “A medida que los fenómenos meteorológicos extremos se intensifican en todo el sudeste asiático, necesitamos que los gobiernos reconozcan la venta ambulante como un trabajo esencial que merece tanto derechos laborales como una protección social adaptados al cambio climático” afirma Tysmans.

Además, ninguno de los países estudiados cuenta con una legislación integral que proteja los derechos de los vendedores ambulantes, y las normativas locales destinadas a regular este tipo de venta suelen crear más problemas para estos trabajadores.

“Los vendedores ambulantes pagan impuestos al gobierno”, explica Pao Vorn, presidente del sindicato camboyano Independent Democracy of Informal Economic Association (IDEA). “Por lo tanto, debemos ejercer presión sobre el gobierno para que apruebe leyes que los protejan”, añade.

El derecho a afiliarse a un sindicato es esencial para que los vendedores ambulantes puedan negociar sus derechos. En Laos, estos vendedores no podían afiliarse a un sindicato hasta 2019, cuando el Gobierno laosiano modificó la ley para reconocer los derechos de los trabajadores del sector informal.

En Vietnam, los vendedores ambulantes no podían afiliarse a un sindicato hasta recientemente; una nueva ley que entró en vigor en julio de 2025 concede a todos los trabajadores vietnamitas, incluso a los del sector informal, el derecho a afiliarse. Según el académico Thanh Pham, de la Universidad Abierta de Ciudad Ho Chi Minh, que ha estudiado el sector de la venta ambulante en Vietnam para el informe de la organización SNI, están surgiendo nuevas formas de sindicatos para los trabajadores de la economía informal, en particular los vendedores ambulantes, los peluqueros, los vendedores de billetes de lotería, los conductores de mototaxis y los trabajadores del hogar. “Estos sindicatos proporcionan cierto tipo de apoyo a los vendedores ambulantes”, explica Pham. “Sin embargo, su papel sigue siendo limitado. Se necesitan mayores esfuerzos para fortalecer y desarrollar estos sindicatos, tanto en número como en alcance”, apunta.

Las mujeres, las más afectadas por el cambio climático
Una segunda característica común a los tres países estudiados es que la mayoría de los vendedores ambulantes son mujeres. Según un informe de WIEGO (Women in Informal Employment Globalizing and Organizing) basado en la encuesta sobre la población activa de 2007 para las ciudades vietnamitas de Hanói y Ciudad Ho Chi Minh, alrededor del 70% de los aproximadamente 291.000 vendedores ambulantes encuestados eran mujeres. Como se indica en el censo económico de 2022 de Camboya, las mujeres representan el 75% de los aproximadamente 77.000 trabajadores que se dedican a la venta ambulante en el país. En Laos, según un informe de 2017 de ONU Mujeres, más del 90% de los vendedores de los mercados de productos frescos de todo el país son mujeres.

Estas cifras confirman que las mujeres soportan la mayor carga de los fenómenos climáticos, ya que deben compaginar las tareas domésticas y familiares con su trabajo como vendedoras ambulantes. El informe Weathering the Change indica que las vendedoras pierden más ingresos que los vendedores masculinos, ya que se ven obligadas a quedarse en casa con más frecuencia. También están expuestas a mayores riesgos físicos cuando transportan mercancías por zonas inundadas. Además, tienden a tener menos alternativas en caso de desastres climáticos, lo que las obliga a trabajar a pesar de estar enfermas y agotadas.

Un tercer aspecto común a los vendedores de comida callejera de Camboya, Vietnam y Laos es el hecho de que, a pesar del papel esencial que desempeñan, reciben poco o ningún apoyo gubernamental específico para hacer frente a las crisis climáticas, lo que los sitúa en una posición de extrema vulnerabilidad. Según el informe de la SNI, los vendedores callejeros afirman recibir “un apoyo oficial mínimo por parte del Gobierno o de las organizaciones sociales para hacer frente a los riesgos climáticos”. El informe también señala que “la mayoría de los programas de apoyo no tienen en cuenta las condiciones meteorológicas extremas, o bien resultan inaccesibles debido a las restricciones de elegibilidad o a la complejidad de los procedimientos de solicitud”.

Los fenómenos climáticos no solo reducen considerablemente los ingresos de quienes practican la venta ambulante, sino que también los exponen a mayores riesgos para la salud, obligando a muchos de ellos a trabajar en condiciones peligrosas. En caso de desastre, los vendedores ambulantes dependen de sus ahorros personales o piden préstamos a familiares y amigos, lo que provoca inestabilidad financiera y endeudamiento personal.

En Camboya y Laos, los vendedores ambulantes pueden afiliarse al fondo nacional de seguridad social, pero solo un reducido número lo hace, ya sea por desconocimiento, o debido a la complejidad del proceso de inscripción. Además, los programas de seguridad social de ambos países no tienen en cuenta las emergencias climáticas. “El Gobierno debería ampliar el alcance de la protección social a los vendedores ambulantes”, afirma Pao Vorn, de IDEA.

Según Pham, los vendedores ambulantes vietnamitas no tienen acceso a ningún régimen oficial de seguridad social y solo pueden acceder a ayudas si pertenecen a un grupo vulnerable, como hogares en situación de pobreza o personas con discapacidad. De ahí que deban recurrir a redes informales, como sus familiares o los miembros de su sindicato de vendedores ambulantes, para hacer frente a las crisis climáticas. “Pero esta ayuda es limitada”, subraya.

“Lo que pueden hacer los vendedores ambulantes para mejorar su situación tiene sus limitaciones”
Sin una ayuda gubernamental adecuada, los vendedores de comida callejera en Camboya, Laos y Vietnam se ven obligados a encontrar medios informales para hacer frente a los fenómenos climáticos y a la consiguiente pérdida de ingresos. Adaptan su oferta de comida en función del tiempo, evitan pedir demasiados productos frescos, transforman carnes y pescados de menor calidad en productos procesados y semiprocesados, como salchichas o carne y pescado secos, consumen sus propios productos e incluso hacen entregas a domicilio a sus clientes habituales.

Tuyet (tampoco es su nombre real), vendedora ambulante de una treintena de años, vende café en la misma zona industrial de Ciudad Ho Chi Minh que Loan. “Cuando llueve mucho, no podemos vender nada porque los trabajadores no pueden acercarse a nuestros puestos”, explica Tuyet. “Nos apoyamos mutuamente comprando los productos de los demás”, añade. “Prefiero comprar a las mujeres que venden aquí, para poder ayudarnos unas a otras”.

Los vendedores ambulantes también acaban incurriendo en gastos adicionales para protegerse a sí mismos y a sus productos, como la compra o el alquiler de tiendas de de campaña de plástico, paraguas, lonas, ventiladores, neveras portátiles y otros artículos que les ayudan a hacer frente al calor extremo o a las lluvias torrenciales. “Lo que pueden hacer los vendedores ambulantes para mejorar su situación tiene sus limitaciones”, explica Tysmans.

Un aspecto en el que el informe no ha profundizado mucho es el impacto de los desastres climáticos en la producción y el suministro de productos agrícolas, el costo de los insumos relacionados y las repercusiones para los vendedores de comida callejera.

“Las emergencias climáticas, como las sequías, la salinización, las lluvias torrenciales y las inundaciones, trastornan cada vez más la producción y el suministro de frutas y verduras”, explica Pham. “Estos fenómenos suelen provocar penurias repentinas y la volatilidad de los precios”, continúa.

El académico da más detalles enumerando ejemplos del sur y el centro de Vietnam. En el delta del Mekong, situado en el sur del país, los rendimientos de frutas como el coco, el mango y la pitaya, así como de verduras como la calabaza, las espinacas, los tomates y el colinabo, han disminuido debido a la sequía y la salinización. En las provincias del centro, los tifones y las inundaciones han dañado las tierras agrícolas, lo que ha limitado el abastecimiento de productos como la col, los tomates, las zanahorias y las patatas.

Estas perturbaciones también provocan un aumento de los costos de transporte y logística. Dado que los clientes de los vendedores ambulantes pertenecen a grupos de ingresos bajos y medios, que suelen ser muy sensibles a los precios, los vendedores intentan mantener los precios estables o aumentarlos solo ligeramente para no perder clientela. “El fuerte aumento del costo de los insumos reduce sus márgenes de beneficio, lo que se traduce en pérdidas de ingresos”, explica Pham.

El informe de la SNI también formula varias recomendaciones, entre ellas la formalización y legalización de la venta ambulante para que los trabajadores que la practican puedan acceder a la protección social y a los servicios públicos, la creación de programas de adaptación al cambio climático dirigidos específicamente a los trabajadores de la economía informal, así como la ampliación de los programas de seguridad social existentes para cubrir las necesidades de atención sanitaria y apoyo a los ingresos en relación con el clima. La designación de zonas de venta, equipadas con los servicios esenciales y protegidas de las inclemencias del tiempo, ayudarían a los vendedores ambulantes a seguir trabajando aun en condiciones adversas. Asimismo, las políticas sensibles al género apoyarían a las mujeres en sus necesidades específicas y responsabilidades familiares.

Tysmans, de SNI, indica que las conclusiones de este informe se discutirán con los participantes de los tres países en una serie de talleres organizados por esa ONG sobre el cambio climático y la protección social, y agendados para este mes de noviembre. “El objetivo es examinar conjuntamente las recomendaciones y utilizarlas como referencia para la planificación. La justicia climática significa proteger a los trabajadores, que son los primeros y los más afectados por la crisis climática”, concluye.

 

 

 

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