¿Puede salvarse España del ‘invierno demográfico’? El empleo intenta dar esquinazo a su peor pronóstico

El mercado laboral español es el que más empleo crea de la Unión Europea en lo que va de 2025, pero no son pocas las voces que avisan de que está condenado al mismo destino que sus vecinos: un ‘invierno demográfico’ marcado por el envejecimiento de la mano de obra, la falta de trabajadores en la franja de edad más productiva y, con ello, una dificultad para cubrir puestos de trabajo clave. Aun así, las estadísticas de empleo muestran un ‘calentamiento’ de este invierno demográfico en 2025, gracias al positivo impacto de la inmigración. Sin embargo, esos mismos datos apuntan a que a medio y largo plazo, este ‘rejuvenecimiento’ del mercado laboral solo es un espejismo.

En los nueve primeros meses del año se crearon 529.200 puestos de trabajo, según los datos de la Encuesta de Población Activa. Suponen un 70,9% más que en el mismo periodo de 2019, cuando se crearon 309.700 empleos lo que confirma que experimentamos un dinamismo notablemente mayor que el de antes de la crisis sanitaria. A pesar de que en el mismo periodo ‘solo’ se firmaron 11,6 millones de contratos, un 30,8% menos que hace seis años, según los registros del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE)

La evolución responde a un crecimiento económico mucho más intenso que en 2019, pero también al efecto de la reforma laboral: que el empleo indefinido tenga mayor peso supone que más personas se mantienen más en la ocupación durante más tiempo, lo que también reduce la necesidad de hacer nuevos contratos a la vez que eleva el ‘stock’ de personas trabajando que reflejan los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Pero hay un elemento llamativo en esta evolución de la ocupación: su composición por franja de edad. En los nueve primeros meses de 2019, solo 35.300 empleos, el 11,4% del total creado correspondió a la denominada franja ‘prime’ de edad, es decir, trabajadores entre 25 y 55 años. El 43,8% fue entre menores de 25 años (135.800 ocupados) y el 44,8% entre mayores de 55 años (138.800 empleos).

En 2025, esta tendencia ha dado un giro: el 32% del incremento acumulado del empleo se concentra en los menores de 25 años (169.500 trabajadores) y el 34,1% (180.500 empleos) entre los mayores de 55 años. Pero el peso de la franja intermedia se ha triplicado hasta el 33,8%, 179.100 puestos, superando incluso a los jóvenes.

¿Qué significan estos datos? Aunque la situación laboral de los jóvenes y los seniors es más dramática si se analiza por separado, los análisis económicos consideran que la franja de trabajadores entre 25 y 54 años es la que mejor refleja el dinamismo de un mercado laboral. Se diferencian de los menores de 25 años en que ya han finalizado su ‘fase de entrada’ en el mercado laboral y de los más veteranos en que aún no están planificando su retiro, pero también en que sus oportunidades laborales son mejores.

Ello es porque se les considera los trabajadores “más productivos” y que más impactan en la competitividad de las empresas. Así, están más abiertos a cambiar de trabajo y, con ello, tienen más poder para negociar, lo que también repercute en los salarios.

Teniendo en cuenta esta situación, que la creación de empleo refleje un mayor peso de este colectivo es un elemento que refuerza la fortaleza de la economía española en el contexto actual. Aunque su evolución tiene los pies de barro.

Un desafío a largo plazo

¿Por qué se ha reforzado la creación de empleo en esa franja de edad? La respuesta está en la entrada de trabajadores inmigrantes en esa franja, que ha contribuido a contrarrestar el ‘envejecimiento’ de la mano de obra. Pero no lo ha detenido. De hecho, en el tercer trimestre de 2019, los trabajadores ‘prime’ suponían el 76,5% del total, frente al 5,7% de los menores de 25 años y el 17,8% de los mayores de 55 años. En 2025 estos porcentajes habrán cambiado al 71,8%, al 6,6% y al 21,5%.

Si comparamos la creación de empleo acumulada en estos seis años, que alcanza los 2,25 millones de personas, vemos que es positiva para los tres grupos de edad, pero solo un 13,9% corresponde a los jóvenes, un 34,8% a los ‘prime’ y un 51,4% a los seniors. Esto apunta a que, si la natalidad retrocede, el margen de incremento de los trabajadores ‘prime’ recae solo en los foráneos que llegan para sustituir a los que van superando los 55 años y pasan al siguiente grupo de edad. Pero, a su vez, los inmigrantes son cada vez mayores, como muestra su reducido impacto en el empleo joven.

Esto implica que el margen de mejora se reduce. Para verlo hay que ampliar el foco a toda la población activa (es decir, incluimos a los parados, que por definición son personas que buscan empleo). Aquí se aprecia que la demografía es aún más contundente: los jóvenes explican el 23,9% del incremento de la población activa en estos años, los seniors, el 69,4% y los ‘prime’, solo el 13,5%: apenas 37.300 personas.

¿Cómo se explica esta contradicción entre los datos de ocupación y los activos? Porque las personas entre 25 y 55 años son las que más han reducido el paro en esos seis años: un 27,1%, frente al 3,36% de los menores de 25 años y el incremento del 7,7% de los mayores de 45 años. El peso de los ‘prime’ en el ‘stock’ de potenciales trabajadores se reduce del 68,9% al 61,2%, mientras en el resto de la franja de edad se incrementa.

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