De la periferia a motor de crecimiento: la economía informal en América Latina

Por Economist Impact 

La economía informal en América Latina va desde los vendedores ambulantes hasta los trabajadores por cuenta propia y las microempresas que operan fuera del sistema formal. Emplea a más de la mitad de la fuerza laboral de la región (55,7%) y gran parte de su actividad se realiza mediante pagos en efectivo. El costo es alto: frena la productividad, debilita la competitividad y limita el crecimiento a largo plazo.

La formalización, en cambio, es un motor de crecimiento comprobado. A medida que las empresas se registran, los trabajadores adquieren una huella financiera, los flujos de efectivo se vuelven trazables y surge la demanda de crédito y servicios financieros digitales, lo que retroalimenta la productividad y el consumo. La ampliación del sector formal fortalece la capacidad fiscal de los gobiernos, mientras que reglas claras y previsibles reducen los costos empresariales. Asimismo, amplía la base de consumidores de los inversionistas y refuerza las finanzas públicas, lo cual mejora la sostenibilidad de la deuda y la resiliencia macroeconómica. Con la expansión de los pagos digitales y el avance de la inclusión financiera, la región cuenta ahora con una ventana de oportunidad para reducir la economía informal. Una estrategia pragmática basada en tres pilares —educación financiera, regulación más simple y acceso habilitado por la tecnología— puede incorporar dentro de la economía formal a amplios segmentos de trabajadores y empresas y contribuir así al crecimiento sin profundizar la desigualdad.

Fuente J.P. Morgan Private Bank