Adultos mayores que siguen trabajando: cuando la labor no frena luego de la jubilación

Tiene 73 años y artrosis en las manos. Aun así, tres veces por semana toma el colectivo desde la periferia al centro platense para trabajar como empleada doméstica en el mismo hogar donde lleva quince años. No lo hace porque le guste. Lo hace porque sin ese dinero no llega a fin de mes. Su jubilación no alcanza para cubrir los remedios, la prepaga -o su reemplazo en el sistema público- y la comida. “Mientras pueda moverme, voy a seguir”, dice. Y sigue.

El relato no es una excepción. Es, según los datos disponibles, la norma para una franja cada vez más amplia de adultos mayores en Argentina. Más de 600.000 personas de 65 años y más siguen vinculadas al mercado laboral, según estimaciones del INDEC basadas en la Encuesta Permanente de Hogares. Y la tendencia, lejos de revertirse, se profundiza.

El documento estadístico Desafíos y Oportunidades en el Envejecimiento, elaborado en 2024 con datos de la EPH y del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, pone números a una realidad que muchos prefieren no ver. La tasa de actividad del grupo de 60 años y más es del 24,4% en promedio, pero entre los de 60 a 74 años trepa al 33,3%. Y entre los de 75 años y más —en su aplastante mayoría, jubilados— aún hay un 4,6% económicamente activo. Traducido a personas concretas: decenas de miles de argentinos de más de 75 años saliendo a trabajar, o intentando hacerlo, en un mercado que no los quiere pero que tampoco los deja vivir sin eso.

La tasa de desprotección laboral en mayores de 66 años alcanzó un pico histórico

Más reveladoras aún son las cifras sobre la calidad de ese empleo. Solo el 31% de los activos de 60 años y más accede a lo que el estudio llama “empleo pleno de derechos”: trabajo registrado, con aportes al sistema de seguridad social y continuidad laboral. Un número que no mejoró en una década: era exactamente el mismo en 2013. En el otro extremo, cuatro de cada diez personas mayores activas tienen empleo precario. Y en el grupo de 75 años y más, el empleo precario más que duplica al empleo pleno. Son jubilados que siguen trabajando, sí, pero en su mayoría en changas, en la informalidad, sin ninguna protección.

El Dossier N°7 del Instituto Argentina Grande (IAG), publicado a principios de mayo con datos del cuarto trimestre de 2025, confirma y agrava ese panorama. La tasa de desprotección laboral entre los mayores de 66 años alcanzó un pico histórico, y entre 2023 y 2025 el número de hombres de ese grupo que trabajan de manera desprotegida creció un 39,7%. Entre las mujeres, el aumento fue del 34,4%. No son variaciones menores: son decenas de miles de personas más cayendo en la precariedad laboral a una edad en que deberían poder descansar.

 

 

 

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