Hasta dónde deben vigilarse las intervenciones conductuales en política pública

La única máxima de un gobierno libre debería ser no confiar en ningún hombre que viva con poder para poner en peligro la libertad pública. John Adams, primer vicepresidente y segundo presidente de los Estados Unidos. El día de hoy tuve la oportunidad de conversar con Lucia A. Reisch, destacada economista conductual, profesora de la Escuela de Negocios de Copenhague y especialista además en investigación del consumidor y política del consumidor. Se trata de una prestigiada investigadora que recientemente publicó, junto con Cass Sunstein, el libro Trusting Nudges: Toward A Bill of Rights for Nudging, en el cual abordan el tema de qué tan invasivas y aceptadas pueden llegar a ser iniciativas que buscan utilizar mecanismos de economía conductual, particularmente las llamadas intervenciones conductuales, como mecanismos para dirigir la política pública, de forma tal que incidan en el comportamiento de las personas. De acuerdo con sus investigaciones, la visión imperante en la mayoría de los países investigados, entre los cuales se encuentra México, es que los ciudadanos tienen simultáneamente una visión favorable respecto de las políticas públicas que buscan mejorar a través de intervenciones conductuales la conducta de los ciudadanos, cuando se trata de temas como el ahorro y en específico el ahorro para el retiro, pero tienden a ser más cautos o rechazan aquellas intervenciones en las que la política pública trata de incidir en temas que son más cercanos a aspectos relacionados con la vida de las personas, por ejemplo, en temas como la salud (como por ejemplo la donación de órganos).

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